Más de una vez recibo de mis seres queridos, como un clamor sentido, el “mejor no digas nada”. Es una frase inocente, producto de su genuina preocupación, pero que debería preocuparnos en cualquier democracia. Detrás de ella puede haber prudencia, por supuesto, pero también miedo. Miedo a perder un trabajo, a quedar marcada frente a …


