Es bella, sin duda. Objetivamente hablando, quiero decir. Sus amplias avenidas por las que transita, veloz, el progreso. Los ríos que descienden de sus páramos, esos laberintos de niebla y garúa anteriores al Génesis. Las plazas, los balcones, los campanarios. Sí, es bella, sin duda. Y, sin embargo, mi fascinación va más allá. Algo de …


