Ellos son la deuda más grande. Nuestro punto ciego. Ese mundo ajeno y siniestro cuya historia de terror se remonta al lúgubre panóptico de Quito, concebido en la genial y retorcida mente de García Moreno como una tumba para enterrar en vida a sus opositores. O aquella cárcel siniestra que tuvo al mar como guardián: la colonia penal de las Islas Galápagos, donde Velasco Ibarra olvidaba a sus enemigos. Y, finalmente, la …


