Hace más de cuatro décadas aterricé en Cuenca sin más que unos cuantos pantalones y camisas, un chulla par de zapatos, unos pocos libritos, entre ellos Cien Años de Soledad, ganado en el colegio en un concurso de “Libro Leído”. Había sido donado por la Misión Odontológica, enviada a mi “llacta” por la dictadura de …


