Trescientas hectáreas del cerro Casitagua cercano a Quito, son polvo y cenizas hoy. La magnitud del flagelo fue monstruosa y un esfuerzo heroico de bomberos, ejército y voluntarios, lograron por fin apagarlo. Vehículos especiales para estos siniestros, helicópteros con misión de tirar grandes cantidades de agua, motobombas gigantes y más, se unieron con un sentimiento …


