Escuché una anécdota a viejos abogados de la casa. Un juez probo impartía justicia correcta y sabia y llegó a él, un insolente a quien juzgarían y gritaba beligerante, que porqué lo traían al juzgado, si, aseguraba altisonante, nunca hizo nada. Fue tal el berrinche que el juez sabio, cuya mujer se llamaba Rosario, molesto …


