Me encuentro picado hondamente del aguijón severo de un grato abejorro llamado nostalgia, lo declaro. Los recuerdos incesantes de antañas vivencias, todas enraizadas en el légamo fértil de una ciudad que canta y encanta, Cuenca, sobrevienen en vaharadas gratas y estrepitosas, cuando un grupo de viejos septuagenarios, abuelos ya casi todos, antiguos párvulos de la …











