Es pretérito el tiempo en que nos autocalificamos como “isla de paz”, cuando nos conocíamos todos en una ciudad de pequeño tamaño y gente amable, con pocos avecindados y muchos nativos. Fue como un tsunami que modificó costumbres, vino el consumismo, una oleada de forasteros y no siempre de buenas costumbres; se multiplicaron las motocicletas …











