La señora A. F. tenía sueños reiterados sobre una mujercilla esmirriada que la perseguía con un puñal en alto mientras amenazaba: “¡Te mataré! ¡te mataré!”. A. F. desesperada resistía al momento de expresar ¡No, no!, para despertar sudorosa y en llanto. Esto se repetía todas las noches con ligeras variaciones y el mismo resultado: …









