El balón coadyuva al ritual. Ha iniciado el fervor con el ingenio y los pies. El bullicio es apenas la advertencia de un desquicio colectivo. Son veintidós quijotes dispuestos a conquistar la gloria, encaramados por el triunfo momentáneo. La felicidad del aficionado se reproduce en las calles y plazas. No importa la etnia, sexo, religión, credo, sino el estremecimiento unívoco por el balón. Y con …










