Las catástrofes producidas por la fuerza del agua, por huracanes cada vez más devastadores, por los veloces, incontenibles y arrasadores incendios, por los movimientos telúricos, las erupciones volcánicas y los constantes deslaves con que la tierra nos sacude no son todavía motivos suficientes para que la codicia humana y el sinsentido de esta suicida civilización …










