Creí que era una utopía, pero no, he pasado tantos veranos ardientes, recordadas primaveras, cuántos vientos otoñales, incontables y gélidos inviernos. Se cruzó el tiempo raudo e inexorable, arrastrándonos sin darnos cuenta, hasta llegar a la “tercera edad”, edad de oro, a donde arribamos cargados de un bagaje de conocimientos, experiencias, saberes, alegrías, placeres, y …











