Escribo consternado, conmovido, asustado. Un corazón aun palpitante al mejor estilo Azteca, filmado en sus últimos movimientos y latidos por los infaltables celulares y sostenido en el cuenco de una mano sádica que lo levantaba como trofeo triste en medio de improperios y risas, pálpitos que declaran que fue arrancado del tórax de una persona …











