Con sus finos dedos, Dayanara Ashanga acaricia unas vainas marrones que custodia en cajones, cada uno con su fecha, en una habitación bajo llave. Las masajea, las enrolla en un dedo para probar su elasticidad y, luego, las devuelve al cajón en una toalla enrollada. "Es para que no se enfríen. ¡Si se secan ya …











