Hay un audio de un hermoso poema en la voz del fallecido actor y productor de cine Sean Connery. La fuerza en su tono me cala profundo, su melodía añade sabiduría, como si una revelación me fuera leída. Sin embargo, el verdadero deleite está en el mensaje escrito hace muchos años, por un poeta de tierras lejanas, Constantino Cavafis. De padres griegos, pero nacido en Alejandría en 1863, escribió Ítaca. Es un poema con cierta mitología griega, y ha sido traducido al inglés desde un griego antiguo, del cual ofrezco mi propia traducción al español, luego de leer y releer estos versos una y otra vez, reflexionando sobre ellos, sintiéndolos de distintas maneras en espaciados momentos. Y finalmente, en el artículo pasado, volvió a llamar mi atención al pensar entre el camino, el destino y la compañía.
“Mientras te preparas para Ítaca, anhela que tu trayecto sea largo, colmado de aventuras, colmado de descubrimientos. Lestrigones, cíclopes y el furioso Poseidón, no te asustes de ellos. Nunca encontrarás tales seres en tu camino mientras mantengas tus pensamientos elevados, mientras una rara sensación conmueva tu espíritu y tu cuerpo. Lestrigones, cíclopes y al feroz Poseidón, no los encontrarás, a menos que los traigas dentro de tu alma, a menos que tu alma los despliegue frente a ti.
Anhela que tu trayecto sea largo. Que hayan muchas mañanas de verano cuando -con qué placer, con qué alegría-, entres a puertos vistos por primera vez; que pares en las estaciones comerciales de Fenicia a comprar finas cosas: nácar, coral, ámbar, ébano, perfumes sensuales de todo tipo, tantos perfumes sensuales como puedas, y que visites ciudades egipcias para aprender y reaprender de aquellos quienes saben.
Mantén a Ítaca siempre en tu mente. Llegar allí es a lo que estás destinado. Pero no apresures el trayecto en lo absoluto. Mejor si dura años, de modo que seas viejo al momento de alcanzar la isla, pudiente con todo cuanto has ganado en el camino, sin esperar que Ítaca te haga rico a ti.
Ítaca te dio un maravilloso trayecto. Sin ella, no te habrías dispuesto a salir. Ya no le queda nada para darte ahora. Y si la encuentras pobre, Ítaca no te habrá engañado. Sabio como te habrás convertido, tan lleno de experiencia, ya habrás comprendido para entonces, lo que estas Ítacas quieren decir.” (O)









