El tema de la luz espiritual está presente en muchas tradiciones filosóficas, para describir la claridad interior, el despertar individual y la conexión trascendental que ilumina la vida y la conciencia humana.
La luz interior, que está más allá de la mente, nos dice lo que es correcto, ayuda a mantener la calma y la serenidad y a seguir adelante. Asoma cuando dejamos de escuchar el ruido y el tumulto y nos encontramos en pleno silencio, con unos minutos en paz, pensando en nuestras propias sombras. La luz que fortalece el espíritu no está afuera, sino en el interior de cada uno y aparece cuando aprendemos a despertarla y escucharla.
La luz interior está aquí y ahora, no es el pasado ni el futuro, crece desde adentro, aceptando la naturaleza propia y sus heridas. Nace en la tranquilidad y en la calma y se comunica a través de la voz interior y la intuición que siempre nos dice la verdad. La luz crece y se expande cuando el corazón se abre y agradece. Debemos aceptar que la luz habita desde siempre en uno mismo y se hace más fuerte cuando actuamos con coherencia, aceptándonos en un camino de calma y paz.
Es indispensable un trabajo interior para mejorar el carácter, la conciencia y la conducta, es necesario esculpirse a uno mismo para ser más consciente. Diez minutos diarios de meditación ayudan mucho. Los maestros del Zen enseñan a encender la luz para actuar con sabiduría y apartarnos de la ignorancia y la oscuridad. La luz es la claridad de la mente. Deepak Chopra dice que vivir en la luz es la naturaleza esencial del ser humano. Cada persona es un ser espiritual con forma humana, almas cuya luz es la naturaleza. (O)










