Todos nos llenamos la boca, en estos días, con los deseos de felicidad en el año nuevo, que ha comenzado ya … a envejecerse. Somos generosos en buenos deseos, somos pródigos en besos y abrazos. Vivimos la felicidad de aquello que nosotros construimos. Nunca nos preguntamos si el objeto de esa felicidad es verdadero o falso. Quiero ser la excepción con estas líneas, sin que piensen por esto, lectores amables de El Mercurio, que yo sea un tipo amargado o que desconozca los senderos de la alegría y del bienestar.
Hemos iniciado el 2026 dando pábulo a una vieja costumbre convertida en vicio. Todo pretexto es válido para evadir el trabajo, para convertir días laborables en vacaciones con pretextos aparentemente sensatos y altruistas. Para buscar qué hacer en un feriado esperado o creado por sensibilidad del régimen de turno, somos artistas. Nos interesa el momento y como sabemos que no regresará lo farreamos a gusto, solos, con amigos e inclusive con nuestras familias.
Esta semana retornamos al trabajo interrumpido a fines del año que despedimos. Necesitamos un par de días para poner nuestro cuerpo y mente en actitud laboral, pero, desde ya, pensamos en el carnaval de febrero para continuar con la farra y disfrutar de un descanso de un trabajo aún no realizado. Así somos, así nacimos, así hemos vivido y cuando muramos algunos descansarán a causa de nosotros, en homenaje póstumo.
Una propuesta, amigos de esta columna. Hagamos del 2026 un año diferente: es posible y es necesario hacerlo. Ecuador es tierra fértil que ha visto nacer iniciativas que luego germinaron para regalarnos acontecimientos que todos recordamos. Hoy hemos empezado a sentir la urgencia de realizar algo diferente y de adoptar comportamientos que rompan hábitos lesivos para nuestro bienestar. Creo que es posible que en este año fijemos las bases de una nación distinta, de un Ecuador que tenga presente lo privilegiado de su ubicación geográfica y la riqueza de un pueblo formado por etnias distintas y por voluntades positivas.
No pensemos solamente en buscar remedio para los males de hoy y para los adultos de ahora. Miremos a nuestra niñez y juventud porque el futuro es de ellos; no los dejemos que crezcan al margen de la responsabilidad y del conocimiento de sus capacidades. Es hora de escuchar los planes y programas pertinentes de las autoridades de educación. (O)






