“Siembra vientos…

…y cosecharás tempestades”. Así reza el adagio popular que, a lo largo de los años, a más de tener regular cumplimiento, cuenta con una lógica envidiable. Respeto a quienes defienden a Maduro y aún a quienes lo admiran. Hitler, Mussolini, Stalin, los Somoza, Kadhafi, también tuvieron, en su momento,  adherentes y simpatizantes a su causa, lo que no estoy de acuerdo es cuando la admiración nace, no de un análisis objetivo y racional, sino de una especie de simpatía o conveniencia partidista. 

Los 25 años de gobierno chavista-madurista en Venezuela han sido un ejemplo de lo que NO se debe hacer para gobernar un país. Control absoluto de los organismos de control, violaciones de las leyes y los derechos humanos, ataque inmisericorde contra la libertad de expresión, presos políticos, elecciones fraudulentas, injerencia en las actividades de otros estados, inseguridad, corrupción, maridaje con el narco-tráfico y el crimen organizado, autoritarismo. Resultados, a la vista: siete millones de venezolanos forzados a salir del país por la ruina económica jamás antes vista en el país americano con las más grandes reservas de petróleo en el mundo. ¿Creen ustedes, amables lectores, que Maduro se imaginaría lo que le acaba de suceder?, ¿se habrá visto alguna vez este peculiar ciudadano, pasar de su mullida cama en Caracas, al rígido sillón de una Corte de New York, en menos de 48 horas?, ¿creería él, endulzado por los cánticos de sirena de Cabello y su cúpula de aúlicos, que las delicias del poder le iban a durar cien años?. Muchos han sido los errores cometidos por esta jorga de pelafustanes, muchos más de los que caben en este comentario, como para que la gloria y los laureles hubieran estado dentro de sus planes. Ojalá que el durísimo ejemplo de Maduro sirva para aquellos obsesionados por el poder, para aquellos con complejo mesiánico, para aquellos que sueñan en que sus crímenes los tapará la historia y que su tiranía será juzgada con benevolencia. Creo que la detención de Maduro cierra un vergonzoso y denigrante capítulo de la historia latinoamericana y, ojalá, abra un sendero nuevo de realizaciones para el sufrido pueblo venezolano. (O)

Dr. Juan Castanier

Dr. Juan Castanier

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