Después de haber leído en el periódico “Primicias” el artículo “¿Qué diablos pasó con las élites quiteñas?” de Pablo Cubi se me han venido en tropel los recuerdos de la época de las “elites Cuencanas”. No es posible olvidar aquellas en que nuestra hermosa ciudad fue un orgullo para el Ecuador. La época en que la cultura era personificada por intelectuales como Carlos Cueva, Efraín Jara Idrovo, Eugenio Moreno Heredia, Antonio Lloret, Gerardo Cordero y León y María Ramona Cordero (Marycorile), Gabriel Cevallos García y tantos otros que temo se me acabe este espacio sin haber podido nombrar a los más destacados.
No es tampoco posible olvidar las épocas en que la Universidad de Cuenca era realmente grande con la presencia de Carlos Cueva Tamariz, Luis Monsalve Pozo o el nunca bien ensalzado Gabriel Cevallos García, ilustre escritor, filósofo, intelectual de fuste. Después de ellos, poco a poco, la querida “Alma Mater” fue decayendo hasta llegar a lo que ahora es.
Nuestro orgullo era la Casa de la Cultura Núcleo del Azuay en la cual se reunía una pléyade de intelectuales que daban envidia a las otras provincias del país. Ella publicó libros de incalculable valor cultural e intelectual que no han podido ser ni siquiera imitados peor igualados. Recuerdo con enorme emoción las charlas que se llevaban a cabo bajo sus auspicios y que hacían presencia en la colectividad ciudadana y nacional. Con frecuencia visitaban la ciudad intelectuales y artistas de calibre. Cómo no recordar cuando vino el Maestro Guayasamín para exponer su “Edad de la ira” y dar una inolvidable charla sobre su significación. ¡Qué increíbles tiempos aquellos!
Para poner otro ejemplo más recordaré con indescriptible emoción mi querida Facultad de Medicina en donde se disponía de un profesorado envidiable: Leoncio Cordero, Vicente y Nicanor Corral, José Ortiz Tamariz, José Carrasco Arteaga, Juan Iddrovo y un centenar más de ilustres médicos, valiosos seres humanos a quienes tanto deben la ciudad y la medicina.
En la conducción de la ciudad tuvimos alcaldes cuyos méritos fueron enormes y que colaboraron al engrandecimiento urbano. Severo Espinoza, Miguel Ángel Estrella, Ricardo Muñoz.
¡Qué tiempos aquellos…! (O)








