Retomo este tema inspirado en la novela de Andre Malraux y los aportes de Hannah Arendt para referirme a la realidad de las situaciones que vivimos en estos tiempos de confrontación y, por qué no decirlo del imperio de la codicia: vemos como en el mundo se expande el delito en todas sus formas, los comunes y los graves, todos de difícil retorno, siendo la sana convivencia la expresión del universo personal que se forma con cada célula que integra nuestro ser.
En este panorama, la cultura es el ambiente natural de la vida personal y comunitaria con las normas morales a la ley, considerada la expresión escrita de la Justicia, que se define como el valor esencial del Derecho. En tal virtud, en este punto tengamos presente que las desviaciones conductuales, como la codicia, son un círculo vicioso de ruptura y dominio, tal es caso delito que es en sí mismo la expresión del fracaso de la conducta humana.
¿Qué pasa en Ecuador con cinco funciones que ejercen el poder del Estado?
La intromisión de una función sobre las otras es la demostración de la precariedad ética que nos estremece. Nunca debía confundirse el papel simbólico del Estado de Derecho con la sinuosidad de la estructura manejable del sistema positivo de expresar la pretensión de Justicia, tal es la experiencia de estos oscuros tiempos, en los cuales la Función Judicial, que es la columna vertebral del Estado Derecho pierde su independencia, con un CPSCS y su brazo interventor denominado Consejo de la Judicatura, que siempre debía y debe ser nada más que el organismo de apoyo técnico de la Corte Suprema, como defendimos en 2005, contra la Intervención ilegítima del gobierno de ese tiempo y que hoy nos pide, con insistencia, derogar el modelo hiperpresidencial del 2008.
No hay más camino que el camino que se hace al andar. Nos enseña la Historia. (O)









