Deje todo lo que está haciendo por un momento. Le vengo a compartir la clase financiera de una reconocida influencer que ha sido salpicada tras el asesinato de El Marino. Lo más destacado de la charla fue cuando señaló que vendiendo choripanes se le arregla la vida en un santiamén. ¿No me cree? Le explico.
A ver. De acuerdo con esta joven empoderada, hacer plata en Ecuador es chauchita. Solo es cuestión de agarrar al toro por los cuernos. La solución está en las narices y no hay más ciego que el que no quiere ver. Ese sacrificio y mente de tiburón han hecho que la muchacha tenga una linda vida llena de viajes exóticos.
Al grano. La susodicha tiene las matemáticas claras. Según su clase explicativa y vivencial, cada semana vendía 250 choripanes a un dólar. Eso multiplíquelo por las cuatro semanas del mes y listo. Se habrá hecho una luca sin despeinarse. Claro, recalcaba que la familia fue fundamental porque le ayudaban a comprar los panes, el chorizo y las colas en la distribuidora. Es que la cosa era en combo. Bueno, bonito y barato.
Cuando terminé la clase me hice una reflexión profunda. Qué carajo hago perdiendo el tiempo en mi trabajo pudiendo vender choripanes y facturar cuatro cifras a fin de mes. He perdido casi quince años de ejercicio profesional. Imagínese los bienes que me hubiera podido comprar. Y ni hablar de esos viajes de lujo con mi familia. Pasearme por Europa, Asia y, si no estaba bueno el camello, capaz me alcanzaba la plata para conocer el Caminito en Argentina. ¡Qué mushpa que he sido!
En fin. Dejándonos de bromas. ¿Usted cree en su sano juicio que vendiendo choripanes a un dólar se puede viajar millones de kilómetros o darse vacaciones en yates y hospedarse en hoteles cinco estrellas? Dudoso, ¿no cierto? Si así fuera, la señora que vende pinchos en la esquina del barrio sería una magnate. Todos sus hijos estudiarían en colegios particulares y no aguantaría la inclemencia del clima.
En fin. Veamos qué lata nos meten en los próximos días. (O)




