Con tristeza esta semana despedimos de la vida terrenal a nuestra querida amiga y profe de filosofía Catalina León Pesántes, hablo en plural, en nombre de una gran red de ávidos lectores y filósofos empíricos que de ella nos nutrimos por años, más allá de las aulas, con el afán de encontrar en las conversaciones interminables, algún camino para superar las injusticias y las inequidades.
Con su inesperada partida perdemos una potente voz feminista de la filosofía en Cuenca, de esas generosas y siempre dispuestas a la enseñanza, no en vano toda su trayectoria en la U de Cuenca, y en tantos espacios de reflexión sentida y madura, con voz templada y firme. Faltó tiempo para reconocer su quehacer, su compromiso con las mujeres, para decirle gracias por ser maestra generosa, por ser luz en días de profunda oscuridad intelectual.
Aun recuerdo el primer día de clases con ella en la U, daba Filosofía I, llena de energía en un cuerpo menudo, y lanzo una frase que me ha movido desde entonces: acá se viene a transformar, no podemos ser indiferentes a las injusticias. Y con eso empezó hablando de Gramsci y la importancia de reaccionar, de unirnos, de ser colectivo critico y cuestionarlo todo. Me quedo con eso querida Cathy, y con la certeza de que sembró en cientos de personas las ganas de movernos por un mundo mejor. (O)
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