Educar

            Ya va siendo tiempo de que el Estado se tome en serio la educación del país. Los esfuerzos se concentran, una y otra vez, en apagar incendios: se buscan víctimas, se señalan culpables, aparece otro incendio y vuelve el mismo ejercicio reactivo. El Ecuador necesita un proyecto de país que integre un programa nacional —permanente— de alfabetización, capaz de transformar estructuras como verdadera política pública. Sin discriminación. Un programa que incorpore a la persona a la vida pública, con enfoque territorial, intergeneracional, digital, cívico y ético.

En las instituciones educativas existentes es necesario comprender que vivimos en un mundo saturado de información, donde el pensamiento crítico —con ética y cuidado— exige que los ciudadanos puedan distinguir entre rigor y opinión, y resistir la desinformación y los falsos medios que, desde un simple celular, confunden, fabrican posverdad y erosionan la dignidad de las personas.

Recuperar la centralidad de la persona, la comunidad y el entorno es sustancial. Hay que aprender a argumentar, dudar, sostener ideas y principios; reafirmar el sentido del tejido social, del barrio, de la ciudad, de la organización. No puede existir un pacto entre aislados. Seamos serios: no hay pacto ni acuerdo posible en el aislamiento, ni en el reduccionismo de ignorar objetivos comunes.

La formación humana no puede desatender la historia ni el valor de las instituciones republicanas y democráticas. Las escuelas, colegios y universidades son, per se, instituciones que coadyuvan al florecimiento de la democracia, no como un acto puntual, sino como un sentido de vida. Como la religión: se practica, se sostiene, se construye, se ejerce y se cuida. Más aún en un mundo de incertidumbre, donde la mirada debe centrarse en una formación que enseñe a aprender siempre, a adaptarse y a reinventarse dentro de un marco de principios, con respeto a la libertad. La técnica muta con la incorporación de nuevas tecnologías; la humanidad y su sentido no pueden mutar.

Hay que convivir con los desafíos de un mundo cambiante, con la tecnología, preservando el cuidado de lo humano y de la naturaleza. Acompañar, sostener, ayudar, pensar juntos. Tomarse en serio la educación no es una consigna. Es una responsabilidad histórica. (O)

@jchalco

Dr. José Chalco

Dr. José Chalco

Doctor Ph.D. en Derecho, Magister en Derecho Constitucional. Abogado de los Tribunales de Justicia de la República. Profesor Titular de Derecho Constitucional en la Universidad del Azuay. Profesor de posgrado.
Últimas Noticias