Para algunos la paz es un mito, al punto que dicen que para lograr la paz hay que hacer la guerra, lo que significa que nunca vivir en la continuidad luminosa de la esperanza y de las acciones positivas es posible, ya que, si tenemos una hora de trabajo creador y de la cultura de saber vivir con dignidad, adviene un siglo de enfrentamientos. Recordemos que historia nos narra el tiempo de la llamada guerra de los cien años. Y, con el sentido del realismo mágico, que de terror lo tiene todo, los años sombríos y siniestros, desde 1914 a 1945, que es el tiempo de las dos guerras mundiales del siglo XX.
Se recuerda el intervalo de la tranquilidad que se disfrutó entre 1918 a 1939, año en que la Alemania Nazi bajo la conducción de un demente invadió Polonia. En estos tiempos luego de la caída del muro de Berlín y el colapso de la URSS, la guerra fría se daba por terminada, haciendo posible que entre este y oeste se pretenda un nuevo orden universal.
Hoy en día, viejos y corroídos regímenes se alzan con el poder, se invade Ucrania y atizando el terrorismo de Hamás contra Israel se desencadena una guerra de represión entre Israel y Palestina. China amenaza a Taiwán y el Pacífico oriental.
En la tierra de la libertad, un poder incontrolado hasta ahora, habla de México, Venezuela y Groenlandia como sus escenarios de dominación. Lo cierto es que el sueño americano de millones de migrantes se ha transformado en la pesadilla de la extradición con la vulneración de los elementales derechos a vivir con trabajo y seguridad.
El delito y el crimen organizado son los males inmediatos de este mundo nuestro.
Así las cosas, nos queda el camino de recuperar el sentido común para emprender la tarea de fortalecer la capacidad moral de aplicar la ley en su dimensión de justicia. (O)





