Después del gusto…

QUISIERA UN CARNAVAL diferente, atípico, extraño a nuestras costumbres. Escribo estas líneas dentro del jolgorio carnavalesco de familia, bendiciendo a Dios por la vida y la salud en un ambiente de amor, alegría y respeto.

Esta vez quisiera un carnaval que ponga, a consideración nuestra, todo lo menos bueno: nuestras falencias, entre ellas, las pocas ganas de pensar en los demás, en el presente y futuro del país. ¿Para qué? Para hacer un montón gigantesco con todo aquello que entorpece la sana convivencia, el progreso y el respeto entre humanos, incinerarlo y reducirlo a pavesas.

Permítanme que sea yo quien apilone los males que luego tienen que ser incinerados. No quiero, esta vez, servirme de nadie; que los honores o los vituperios me alcancen solamente a mí. Este esfuerzo lo hago porque estoy convencido que no merecen tanto desmadre las jóvenes generaciones que nos suceden ni muchos adultos mayores que aún tienen años por vivir. Esto motiva mi propuesta que la creo apegada a la razón, pero si alguien me demuestra que no es así, que no andamos tan mal, pues en buena hora, albricias. Al grano, entonces.

A la hoguera todos los ciegos de conveniencia, es decir, aquellos que ven de cerca lo mal que andamos y miran al costado porque nada les importa, porque ellos aún están bien.

A la hoguera los sordos que compiten con las tapias, aquellos que oyen el clamor de los que sufren y nada hacen; los que con su silencio permiten la difusión de consignas que aniquilan principios de convivencia. 

A la hoguera todos los que perdieron su voz para difundir mensajes de paz y responsabilidad; los mudos de conveniencia porque tienen miedo de Identificarse con quienes discrepan.

A la hoguera quienes empeñaron sus pies y manos porque ya no pueden movilizarse para defender causas nobles ni alzar los brazos en señal de protesta.

Intelligenti pauca [a buenos entendedores pocas palabras]. Pongamos en esa hoguera nuestra desidia, nuestro quemeimportismo, nuestro egoísmo, nuestra carencia de solidaridad.

Espero que la hoguera no deje de arder hasta que toda esta maleza se haya vuelto cenizas y celebro que empiece a nacer en nuestras mentes un nuevo ecuatoriano: comprometido con el presente y el futuro, con los de casa y de la vecindad. 

A DIOS ROGANDO Y CON EL MAZO DANDO: promesa de este MIÉRCOLES DE CENIZA.  (O)

Dr. David Samaniego

Dr. David Samaniego

Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación. Fundador de Ecomundo, Ecotec y Universidad Espíritu Santo en Guayaquil. Exprofesor del Liceo Naval y Universidad Laica (Guayaquil), Rector del colegio Spellman (Quito) y del colegio Cristóbal Colón (Guayaquil).