Esta entrada es distinta. La escribo con desánimo por el estupor que provoca cierta gente. ¿Cómo es posible que, por un altercado causado por un supuesto atropellamiento de un perro, los propietarios de la mascota asesinen al conductor del carro? Sí. No hay otra palabra. Lo mataron ruinmente por la ira.
Y lo peor es que la justicia los dejó libres porque no hubo pruebas “contundentes”. Los implicados en este aparente homicidio también golpearon cruelmente a una persona de la tercera edad, que lo único que hizo fue defender a su hijo. Por la gravedad de los golpes, su murió en el hospital.
Se me parte el corazón al mirar a esta anciana reclamar justicia. Su cabellera color ceniza manchada por máculas de sangre y por las curaciones que recibió. Su rostro desfigurado. Un ojo cerrado por los golpes de esos salvajes. Disculpen, pero no encuentro otro calificativo.
Un momento de ira acabó con una familia cuyo único error fue toparse con un perro que estaba en la calle. Al revisar las cámaras se evidencia el salvajismo con el que actuaron. Palos, piedras, botellas. Todo lo que encontraron lo usaron como arma para destrozar la humanidad de esas personas. Un hijo falleció y una madre murió por dentro. ¡Inhumanos!
¿Qué respuesta damos a esa familia? ¿Con qué tipo de personas nos cruzamos en la calle? ¿Será que por accidente se me atraviesa un animal me matan a palos? ¿A quién reclamamos? ¿Qué carajo nos pasa como sociedad?
¡Qué actúe la justicia! (O)




