Los cónclaves de elección papal, la creación de un estatuto empresarial, la decisión sobre un juicio; todo, absolutamente todo, requiere del discernimiento, una virtud intelectual y moral para identificar lo bueno de lo malo. Pero hay un elemento más, y no se trata de un simple componente, sino de su esencia misma. El discernimiento es también un ejercicio espiritual.
Sensatez y sabiduría están concatenadas a este don interior que nos lleva a buscar con claridad lo que conviene o no a nuestras vidas. ¿Cómo saber qué es correcto? Importa la experiencia y el aprendizaje diario, porque de quienes nos rodeamos, captamos sensaciones. Todo cuanto vemos, escuchamos y hacemos alimenta nuestro espíritu. Por ello, vale fijarnos a qué le dedicamos tiempo: ¿Al resentimiento? ¿A la calumnia dicha en una reunión? ¿A la envidia sobre lo que alguien más tiene? ¿A la meditación personal? ¿A un tiempo de conversación con Dios? ¿Al paseo en familia? ¿A inculcar valores a los hijos? Alguna vez escribí sobre cultura y su acepción cultivar; y culto, es quien dedica espacio a cultivarse. Pero si no nos brindamos una ración de La Palabra divina, razonamiento, o reflexión, difícilmente podemos alinear las buenas intenciones con las acciones. ¿Cuál es el origen que define un hecho o comportamiento bueno y malo?
Cada día se agudiza esa percepción que inexactamente llamamos energía. En realidad, más allá de energía, es espíritu, de toda persona a nuestro alrededor. Así construimos comunidad, entre pares, compartiendo valores, creyendo y dirigiendo el camino hacia un fin común y superior. Para discernir, hemos de tener las lámparas encendidas, aceptando esa luz que nos brinda lucidez ante las fachadas y los ideales que brillan, pero no siempre nos dan paz sino turbación. Es recapacitar constantemente apreciando aquella voz espiritual interior que es fuente de nuestro desarrollo personal. El discernimiento puede originarse en el conocimiento expresado en una buena literatura; la conciencia y esencia de quienes acompañan nuestro camino; los principios y valores que deben alinearse integralmente en nuestra vida, el Espíritu que provoca reconocer la acción a tomar desde adentro como si fuera una huella impresa en nuestro ser. Esto ayudará en un posible capítulo de vida: “no caer en la tentación.” (O)







