La palabra Therian, etimológicamente proviene del griego Therion, que significa bestia o animal salvaje, hace referencia a la combinación o transformación de humano a animal. Tiene su origen en foros de internet, en los años 90, iniciándose en estados Unidos, para luego dispersarse en forma rápida a Europa y Asia. Surgieron como comunidades en línea, antes de la era de las redes sociales, compartiendo costumbres discordantes entre su biología humana y su verdadero fenotipo interior. Al inicio mantenían un perfil bajo, hasta que fueron ganando una gran presencia y espacio físico, a través de plataformas actuales como Tic Toc y You Tube, donde comparten sus experiencias. Están centrados en una identificación interna como animales humanos, diferenciándose de las fantasías de transformación física. En los años 2020/2021 varias plataformas en línea nos muestran ya, una gran cantidad de videos cortos, donde los adolescentes exhiben cambios de comportamiento con movimientos y disfraces que imitan la biomecánica de animales cuadrúpedos, como perros, gatos, zorros pumas, aves, etc. Estos jóvenes encontraron luego la validación social y el sentido de pertenencia, transformándose en una moda o estética, con el riesgo de minimizar su compleja identidad. Hoy su popularidad va en un imparable aumento, a tal punto que, en los canales de You Tube, se acumulan miles de millones de visualizaciones. Qué pena, que esta joven descendencia en la cual teníamos cifradas esperanzas de que podrían cambiar el mundo para bien, ya que cuentan con todas las herramientas necesarias, y tienen acceso a todo el conocimiento humano, como para dominar el universo, se comporten como una generación impávida, sin ánimo ni deseo de reclamar sus justos derechos y aspiraciones para llevar una vida digna, sin importarles la suerte de la distorsionada y depravada política que nos domina. Ellos prometen que no harán revoluciones, prácticamente renunciando a sus derechos de vivir con salud, educación, vivienda, tranquilidad y bienestar común; eligen más bien sus caretas y disfraces de animales cuadrúpedos, y reptan grotescamente con movimientos disonantes, aullando solos en las calles, con la mirada complaciente y el regocijo de sus padres y familiares, quienes festejan estas excentricidades. ¡No hay duda que la rebeldía que mostraba la juventud en otros tiempos, hoy con estas actitudes haya caído en el plano de lo ridículo y la desvergüenza! (O)







