Una experiencia grandiosa, y qué mejor si es en familia, es desplazarse hasta Riobamba, ascender el colosal Taita Chimborazo, el volcán y montaña más alta del Ecuador, y luego continuar hacia Bolívar para visitar El Salinerito, en Salinas de Guaranda, una asociación de cooperativas basada en los principios de Economía Popular y Solidaria, promovida por 3.000 familias que elaboran más de 160 productos.
El primer protagonista de esta historia es el padre salesiano Antonio Apolo, quien arribó desde Italia hace 56 años para servir durante seis meses a la población indígena en situación de pobreza extrema, pero decidió quedarse toda la vida. En 1970, con el modelo comunitario reemplazó la explotación de las minas de sal por la producción de una gran variedad de quesos y lácteos, chocolates, confites, artesanías, textiles, embutidos, hierbas medicinales, aceites, hilos y prendas de alpaca y oveja, para exportar a España, Italia, Alemania, Bélgica y Japón.
La estructura productiva elegida por los salineros para organizar sus actividades económicas ha sido la creación de pequeñas y medianas empresas articuladas en torno a FUNORSAL, cada una dedicada a la elaboración específica de determinados productos, siendo un referente nacional de sostenibilidad.
Un aspecto destacable es que el Gobierno nacional no ha entregado ningún aporte financiero al proyecto salinero durante estos 56 años; todo ha sido autogestión y del apoyo internacional, especialmente de la agencia de cooperación suiza Swisscontact, lo que permitió erradicar la pobreza en la zona.
Por el contrario, la Prefectura del Azuay recibe millones de dólares cada año para el “desarrollo productivo”; sin embargo, su incidencia es mínima. Parroquias como Quingeo, San José de Raranga y Ludo no producen siquiera un queso de calidad o una mermelada elaborada con sus propias manzanas. ¡No hay quién les capacite! Sucesivamente, los prefectos han malgastado recursos en programas poco efectivos como “Hambre Cero”, y en la presente administración se adquirirán 300.000 macetas con el nombre del prefecto, lo cual resulta indignante al tratarse de recursos públicos. Miles de jóvenes, al no encontrar fuentes de empleo, migran hacia cualquier destino porque el hambre golpea con fuerza. (O)







