La ignorancia es atrevida. Así dice un refrán antiguo que hoy cobra vigencia: Y su significado resuena en estos tiempos, cuando las decisiones en la Asamblea Nacional se aprueban con ligereza, sin escuchar el clamor ciudadano expresado en las urnas.
Sin una comprensión real; los legisladores, consienten una ley atrevida que mata el derecho a una vida libre de contaminación (sin arsénico). ¿Acaso se ignora el mensaje del pueblo ecuatoriano cuando dijo NO a la minería en territorios sensibles?
Resulta preocupante que se aprueben normativas que favorecen intereses extractivos y se releguen temas esenciales como la salud, la calidad de vida y la protección de los recursos naturales. El sistema de salud pública, por ejemplo, está ya en decadencia alarmante: hospitales sin insumos básicos, escasez de medicinas, largas esperas y ciudadanos obligados a sobrevivir entre la incertidumbre y la desatención. La salud, un derecho fundamental, se ha convertido para muchos en una lucha cotidiana.
Ahora también, se pone en riesgo el agua, la agricultura, la salud y este impacto no es aislado: afecta directamente la vida, la dignidad y el futuro de toda una población. Entonces, surge una pregunta inevitable: ¿por qué no se legisla con prioridad sobre estos temas urgentes y estructurales?
¿Quién rendirá cuentas por estas decisiones y omisiones que comprometen territorios como Quimsacocha-Azuay?, ¿Quién responderá por las consecuencias sobre fuentes de agua y soberanía alimentaria?, ¿Qué modelo de país se está construyendo y para quién?
El verdadero desarrollo no puede edificarse sobre el deterioro del bienestar colectivo ni sobre decisiones que ignoran la voz del pueblo y la fragilidad de nuestros ecosistemas.
Si un Gobierno descuida deliberadamente esto, el país no avanza y compromete su futuro.
Mas bien, deberían preocuparse por legislar y resolver problemas históricos como el de las vías Girón–Pasaje o Molleturo–Cuenca, necesidades postergadas para el desarrollo real de nuestra provincia y el país. (O)










