La etimología de la palabra atender proviene del latín y se compone del prefijo ad (hacia) y el verbo tendere(tender, dirigir) “tender hacia”. Este “tender hacia”, nos lleva a interesarnos en lo que está pasando dentro y fuera de nosotros, un sentimiento de curiosidad que trata de entender ¿cómo es eso?, ¿cómo soy? ¿cómo es el otro?, nos acercamos, tendemos hacia y en este movimiento, en este interés genuino, la empatía, la amabilidad, la compasión, la bondad empiezan a darse…
Ahora poner, tener, dar, recibir atención, requiere de nuestra presencia y tiene que ver con el cuidado, y claro, el primer cuidado es hacia nosotros mismos, necesitamos interesarnos por nosotros, ponernos atención, conocernos bien, darnos tiempo de calidad, disfrutar de nuestra propia compañía, “quedarnos en casa” ¡habitarnos! con frecuencia estamos fuera de nuestro ser, disgregados, desmembrados, la cabeza, por un lado, el corazón por otro y el cuerpo como una carcasa vacía, ¡tenemos que volver a habitarlo!
Solo entonces luego de recuperar esta relación con nosotros, podemos ir hacia afuera, hacia los otros con mayor respeto y cuidado y entonces escogeremos la mejor palabra, el mejor gesto, la mejor actitud, ¡cuidaremos, atenderemos del otro, de los otros, del entorno con la misma curiosidad, compasión y bondad que tenemos con nosotros! (O)




