La humanidad cada vez se deshumaniza. Como lo advirtió Ernesto Sabato: “una terrible paradoja: la deshumanización de la humanidad”. Pierde el sentido de su condición innata. Esa capacidad propia del discernimiento, que lo diferencia del resto de los seres vivos. A la usanza del primitivismo, actuamos sin medir consecuencias ulteriores. El odio, resentimiento, ambición desmedida se imponen. Hay un canibalismo voraz que actualiza la máxima de Thomas Hobbes: «El hombre es el lobo del hombre».
El ejercicio reflexivo que caracteriza al ser pensante es reemplazado por una despiadada manera de imposición totalitaria, en perjuicio del debate y el consenso democrático. La fuerza despótica se antepone a las ideas. Quien tiene más, quiere más, aunque eso conlleve perjudicar al que está abajo del estrato social. En la actualidad hay una sensación de incertidumbre, que no, incluso, de desesperanza. El corazón del hombre está contaminado y no se avizora la posibilidad de su sanación auténtica. La soberbia, el falso orgullo, la envidia, la mentira están latentes en el día a día, como sombras ante el anhelo civilizatorio. Varios males acechan sin contemplación: guerras, sistemas dictatoriales, suicidios cada vez en aumento, narcotráfico, delincuencia organizada, terrorismo a gran escala, corrupción rampante, secuelas de la migración, cuadros depresivos.
El individualismo tiende a ser visto como un elemento que permite alcanzar un cuestionado éxito en el mercado capitalista, en donde no caben las solidaridades, menos aún la utopía de un mundo mejor y más equitativo.
Esta es una época en donde no nos permiten cuestionar con facilidad, o ser escuchados abiertamente en el trono del poder, y si lo hacemos somos observados con extrañeza o tachados en el mapa de lo “políticamente correcto”; hay que guardar la compostura, los hilos finos del decoro. Sin embargo, queda la posibilidad, siempre válida, de la resistencia, del aguante, de la lucha por lo justo. Y algo fundamental: de la multiplicación del amor y la fraternidad sin vergüenza alguna. (O)




