Parto de unas pocas premisas: la semana santa ha concluido, tenemos propósitos para el devenir, en algunos casos el ayer puede y debe cambiar, somos inquilinos del tiempo, el cambio es parte de nuestro ser y existir.
En mi niñez, ricos y pobres, para salir a la calle nos peinábamos y lavábamos cara y manos pues respetábamos a quienes podíamos encontrar en el camino; cuando alguien nos preguntaba algo solíamos ser muy apegados a la verdad conocida para dar una respuesta. Nuestras madres por el color del rostro sabían si decíamos la verdad o no.
Pido al gobierno central, con carácter de urgente, una campaña para describir lo insano, inconveniente, socialmente dañino y perjudicial de la falsedad, la mentira, el engaño y ad lateres. Es imprescindible que este trabajo se haga en los jardines de infantes y demás años de formación elemental y media a fin de que nuestros bachilleres engrosen las nuevas generaciones.
Finalmente, colofón ineludible, debe ser entronizada en Ecuador la verdad: esa sencilla forma de decir las cosas como sucedieron, de informar apegados a los hechos, de hacer uso de la sinceridad en todo momento, nombrar al pan, pan y al vino, vino. ¿Cómo hacernos de un presidente que a más de ganas de trabajar sea una persona comprometida con la verdad y tenga en los distintos centros de mando a personas de igual calibre moral?
Que se destierre (haciendo uso de todas las herramientas legales) el falseamiento de la verdad como modus vivendi; la mentira como utensilio para evadir un castigo; el maltrato de la verdad como motivo para evadir la culpa.
Mucho me temo que Ecuador, oficialmente, ha optado por acomodar los hechos a circunstancias creadas para sanear en apariencia el falseamiento de la verdad. Al parecer la mentira tiene rango oficial.
Cicerón dejó escrito: ´La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio´. (O)





