La hora más nefasta del Sandinismo

Arturo J. Cruz Jr, en 1992, fue mi profesor de Relaciones Internacionales en Incae Bussiness School. Un hombre de una solvencia analítica inmensa, un gran líder, un personaje de la academia y la política que, como él dice, ama con pasión a su “Nicaragua de la vida”.

Integró el grupo de prestigiosos precandidatos presidenciales, que en 2021, junto a Cristiana Chamorro, Félix Maradiaga, Juan Sebastián Chamorro, Miguel Mora, Medardo Mairena y Noel Vidaurre, fueron arrestados por Daniel Ortega 4 meses antes de las elecciones, en el famoso “operativo antidemocrático” llamado así por la cruenta bajeza del dictador nicaragüense, al utilizar la llamada Ley 1055, con acusaciones como “traición a la patria”, “menoscabo de la integridad nacional” o supuestos delitos relacionados con financiamiento extranjero.

El Sandinismo se apresta a cumplir sus primeros treinta años en el poder; once entre 1979 y 1990 y diecinueve desde 2007 a 2026. Para el mundo, hay una errada percepción de que en Nicaragua no pasa mayor cosa. Las familias y amigos no comentan en ningún espacio el actuar de la pareja Ortega-Murillo, ni la de la sumisa Asamblea Nacional, por un miedo crónico a ser espiados y perseguidos; solo saben que la dictadura avanza como una tradición de gobiernos de facto, como la de la dinastía Somoza de cuarenta y cinco años (1934-1979) que terminó precisamente con la Revolución Sandinista controlada por Ortega.

Hoy un octogenario político lleno de mañas, con un cumulo de enfermedades graves como lupus eritematosos, cronicidad renal e insuficiencia cardíaca, ha dicho el pasado 20 de julio al conmemorarse un aniversario más de la revuelta de 1979, que en Nicaragua “no habrá más elecciones” ratificando un secreto a voces: en 2027, año previsto para ir a las urnas, no pasará nada, porque al decir de Ortega, los procesos electorales ponen en riesgo el control político y facilitan la influencia externa.

Hasta los viejos amigos han condenado esta oratoria radical; parecería fácil declararse sin empacho como “dictador oficial”, y peor si se lleva del brazo a la esposa y siete hijos, manejando al país como si fuera su tienda de abarrotes, su emprendimiento, su escaparate de máscaras, para cambiar de rostro de acuerdo con el día y las circunstancias.

Ante la condena mundial, y las advertencias de EE. UU., la Comunidad Europea, y grupos de defensores de los DDHH, Ortega hizo hablar al lacayo mayor del régimen político sandinista, el titular de la Asamblea Nacional, Gustavo Porras, envió un hipócrita mensaje: “si habrá elecciones, pero en un nuevo marco constitucional, sin traidores a la patria, ni imperialistas”.

Miles de exiliados, entre sacerdotes católicos que desafiaron al estatus de Roma, representantes de grupos sociales, académicos de lustre de una patria de grandes pensadores, literatos, colectivos culturales, gremios de empresarios, y políticos serios, esperan un cambio para su país, y requieren una ayuda urgente de amigos del exterior para terminar con esta dictadura sostenida en una torcida Constitución y un decrépito cuerpo de leyes.(O)

Econ. Gerardo Maldonado

Econ. Gerardo Maldonado

Economista, abogado. Posgrado en Finanzas y Proyectos INCAE Bussiness School. Máster en Administración en Tecnológico de Monterrey. Master en Derecho de Empresas Universidad Andina Simón Bolívar. Poeta y escritor.