Reír. No queda más que reírse.
El Consejo Nacional Electoral (CNE) difundió los montos que deben gastar los candidatos a alcaldes, prefectos y a las juntas parroquiales rurales.
A mayor población, mayor es el monto fijado. También depende de la función a la que aspiren los ungidos, sea a través del sainete denominado “elecciones primarias”; por decisión que puertas adentro toman los gerentes propietarios de partidos y movimientos, o según los resultados de sondeos, de los cuales son imprescindibles los arrojados por redes sociales.
Sino pregunten a tanto precandidato o candidato que se creía fijo, o prefirió renunciar antes de salir al ruedo, o aceptó ser cambiado, o se dejó convencer para que se haga a un lado; o aprobó el maridaje entre leones y hienas, en otros tiempos enemigos letales.
Siendo bien pensado, el dinero provendrá del bolsillo de los candidatos, de los aportes de sus agnados y cognados, de algún ahorro que posiblemente tengan sus partidos y movimientos; por qué no de algún amigo; de uno que otro buen samaritano.
Siendo mal pensado, cada candidatura será cotizada. Si alguien quiere ser concejal el aporte será según la ubicación en la lista; por qué no, de acuerdo a las posibilidades de victoria; igual, por el sueldo a percibir, o sea la beca.
Con más razón si se quiere ser alcalde o prefecto. Son candidaturas de alto vuelo. Alguien de billetera fuerte; que goce de una más que generosa jubilación. La popularidad, aparente por supuesto, es insuficiente a la hora de la hora.
Ya pensado con malevolencia, el financiamiento también podría venir de los proveedores, de aquellos que se saben de memoria los tejes y manejes en el Sercop. Hombre, por qué no, también de algún lobo estepario o de otras especies; de algún minero con catastro o sin catastro; de algunos profesionales desocupados, atiborrados de masterados, ahora con cursos en IA; de ciertos constructores que suelen armar empresas de un día para otro, así sea con un dólar de capital con tan solo ver un bagre asomando por la orilla; o de aquellos ya berreados en el arte de la contratación pública, el pantano donde practican el don de la ubicuidad o el mimetismo.
Y ¿por qué causan riza los montos fijados? Pues porque son insuficientes. No alcanzan ni para los canelazos.
Pero, qué suerte la de los candidatos. El CNE les dará otra limosna para, dizque, se promuevan en los medios. Solo que no la olerán.
Pronto sabremos, “a la fija”, los candidatos bautizados por ese Consejo para terciar por las pasantías que aspiran gozar en alcaldías, prefecturas y otras abadías políticas. Eso nomás. (O)





