En el pasado en Cuenca, la restauración era asunto de hábiles artesanos que, si bien lograba el mantenimiento de las obras, aspectos como el cuidado por la historia, autenticidad, autoría, respeto al original y los procedimientos técnico-científicos para evitar la alteración de la naturaleza de los materiales, estaban ausentes. La ciudad declarada como Patrimonio Cultural del Estado Ecuatoriano en marzo de 1982 y posteriormente como Patrimonio de la Humanidad, en diciembre de 1999, requirió con urgencia de especialistas para la conservación de sus distintos patrimonios en especial de Bienes Muebles. La respuesta oportuna llegó de parte de la Academia que trajo especialistas de la capital y para julio del año 2000, egresaban dieciocho alumnos de Bienes Muebles que habían completado el pénsum académico para la licenciatura. Muchos encontraron las puertas abiertas en instituciones, Iglesias, museos, coleccionistas, etc. Sobresale el Proyecto de Restauración de la Catedral Vieja, que integró a un buen número de egresados. Es decir que, los alumnos pudieron acceder casi inmediatamente a lugares de trabajo idóneos, en un momento clave para la ciudad. En total fueron seis promociones, que superó el centenar de expertos. Con el paso de los años algunos ya especializados con posgrados, pocos han logrado abrirse paso en el complicado mundo de la Conservación Patrimonial. Contrariamente a lo que se pensaría, en el presente en la ciudadanía no existe el conocimiento, de que esta planta de profesionales restauradores existe y está bien formada académicamente. Constantemente se escucha valorar, apreciar y remunerar sin queja a profesionales que vienen de otras latitudes, será que se cumple lo que dice el viejo proverbio: “Nadie es profeta en su tierra”. (O)






