Rasgarse el brasier

Conversando con lustrabotas, taxistas, peluqueros, mientras nos beneficiamos de sus servicios suelen contar tantas cosas, uno que otro chisme, su particular modo de ver la vida, la situación política del país, de lo que se enteran “sin querer queriendo” sobre lo que les “sueltan” sus clientes.
Una anécdota. Hacía varios años, en una administración municipal de Cuenca, que no viene al caso identificarla, el Concejo Cantonal se había declarado en sesión reservada. Ni alcalde ni concejales abrían la boca ante las insinuantes preguntas de los reporteros.
Uno de los lustrabotas, que en paz descanse, con quien solía dialogar sobre lo que ocurría en la ciudad, me dijo algo así: “No sabrá pues, que los concejales y el mismo alcalde podrían irse a la casa porque, dizque, no han hecho caso a la Contraloría por unos terrenos o lotes que debían quedar para el municipio, y no han hecho porque el dueño es un poderoso”.
–¿Cómo lo sabe?
Un concejal, mientras “se hacía lustrar” le contó a otro señor sobre el problema, y que todos estaban con miedo…
Vino la investigación de rigor, esa “cirugía mayor” del periodismo, del buen periodismo de esas épocas, y se destapó la olla. Interrogado el alcalde, recuperándose del asombro recuerdo que me dijo: “¿Y quién le contó eso, si el asunto es reservado?”
¿A qué voy? A que días atrás, unos amigos profesores, de escuela el uno; de colegio el otro, contaron que, por fin, se jubilaron.
Sí, por fin; porque por fin, según relataron, dejaron el “dolor de cabeza” que ahora significa cumplir con el deber de ser maestro.
El de escuela reveló que él, como muchos otros, para no amargarse la vida, ni ser amenazado, hasta por los propios alumnos, se vio casi que obligado a “hacer pasar de año”, incluso a quienes lo tenían perdido.
“No se les puede llamar la atención, ni verlos a los ojos. Si se les dice a los padres, abuelos o representantes, se ponen bravos, y que debemos respetar los derechos de los guambras”.
“Si no aprueban, los culpables somos nosotros, como de que sean Vados malcriados, indisciplinados, irrespetuosos, que no quieran aprender…”.
–¿Qué futuro les espera en el Colegio?
Nada. Si en el Colegio la cosa es igual o peor.
El profesor de secundaria remató: si ves que se drogan mira a otro lado; si les llamas la atención, si es varón te cita a puñetes; si es mujer, es capaz de rasgarse la blusa, el brasier, gritar y decir que la has querido violar. Te caen los sumarios administrativos y, por lo general, los pierdes.
No es para generalizar. Pero duele oírlo, como duele escribirlo. Una realidad cruenta de nuestro sistema educativo. ¿Quo Vadis niñez, juventud, país?

Lcdo. Jorge Durán

Lcdo. Jorge Durán

Periodista, especializado en Investigación exeditor general de Diario El Mercurio