Todo parece que empezamos a vivir el apocalipsis. Las temperaturas registradas en Europa de 46 grados centígrados, son inéditas y las mayores registradas de la historia humana. La supervivencia de los y seres vivos en este verdadero infierno, se vuelve imposible. Todo gracias al hombre, su codicia y el irrespeto a la naturaleza, en bien del desenfrenado y mal concepto de riqueza y arrogancia. Las desesperadas acciones y muy del momento, como que los bomberos y las motobombas salgan a las plazas y rocíen agua a la multitud sofocada y exasperada, mojen puentes, autos y estatuas de metal que toman un concepto de verdaderas hornallas silenciosas, nos da la idea del infierno que están pasando. No funcionan en su debida manera los aires acondicionados que vomitan frio al frente, sí, pero expelen también calor de sus motores por detrás. La indispensable movilización diaria con millones de automotores que contaminan y recalientan el ambiente y que son indispensable en las metrópolis actuales, lo agrava todo. El inmenso consumo de energía con centrales hidroeléctricas que queman combustibles y el uso a todo nivel, desde fábricas que no pueden parar por el atroz consumismo del hombre y llegando a las simples cocinas domésticas, todo lo empeoran. Se viene el fin del mundo. Estos son los pródromos de un planeta azul que da señales de agonía. Desde los satélites que todo lo miran, muestran imágenes aterradoras de masas calientes infernales en todo lo ancho del planeta. Gastamos tanto en armarnos y prepararnos para le guerra entre naciones y tendencias políticas para destruirnos y soslayamos lo importante que es cuidar nuestra casa y darle vida. Tenemos cohetes y balísticas destructoras y enormes desforestaciones para lograr recursos y riquezas sin importarnos el agua que fluye de esos bosques y que tendrá que llegar a nuestros labios, vivificante y fresca para poder vivir, que será menor con cada árbol fenecido.
Volvamos a poner los ojos en el campo, y ya, pero ya, única manera de salvarnos. Respetemos la naturaleza y ayudémosla a renacer en sus prístinos arroyos y bosques. ¿Cuánto tiempo nos queda como planeta? Impredecible de sustentar ¿Cuánto tiempo nos tomaría sembrar y cuidarlo? eso si es conmensurable y es de hoy por siempre ¿Cómo controlar la reproducción humana indispensable sin llegar a prácticas monstruosas?
Volvamos los ojos al campo. Sembremos bosques, cuidemos vertientes y respetemos, en suma, nuestra casa que se viene abajo. (O)





