Una tarde de esta semana, saliendo de la escuela, mi hijo me preguntó: Mami, ¿Para qué sirve ética? Refiriéndose a una de las materias que tiene actualmente. Mi primera respuesta fue hablarle del discernimiento entre el bien y el mal. Hoy, he buscado mejor su significado. Ciencia de la moral. Así inicia el texto en el Diccionario Filosófico Rosental-Iudin que consulto. Como ciencia, es un estudio dedicado, “investiga el problema del bien y del mal, establece el código moral de conducta, señala qué aspiraciones son dignas, qué conducta es buena y cuál es el sentido de la vida.”
Se ha intentado generar una especie de división pura sobre si la ética debe ser netamente objetiva. Cuesta disociarla de la actividad diaria de cada persona. La moral es parte de la existencia de la ética, de su conceptualización, incluso de su origen mismo. Entonces, ¿Cómo obrar sin considerar si mis acciones son buenas o malas? Por ello, se crean códigos de ética en distintos ámbitos. Lo manejan las instituciones públicas, se hacen para guiar la conducta en empresas privadas, reúne valores, principios y normas ante unas elecciones.
Atentar contra alguno de los que serían una especie de “componentes” de un código de ética, involucraría irse contra sí mismo. Es una elección del mal sobre el bien. Y no veo la manera de separar lo que estoy haciendo, del efecto y afecto de estar consciente moralmente del bien o el mal. Una frase falsa dicha, una calumnia hecha, una noticia desinformativa que se publica, una campaña impura para denigrar a una persona, son acciones que conllevan mala intención. Retomo el principio: ¿Qué aspiraciones son dignas? Dignidad, según la RAE es la cualidad de ser digno, el decoro de las personas en la manera de comportarse. Por su parte digno, es merecer algo, diría que incluso se refiere a asumir una dignidad como título honorífico. Entonces también entra en cuestión el mérito. ¿Qué méritos tiene una persona? ¿Son dignas sus aspiraciones? ¿Es digno como ser humano? Estas preguntas éticas, puedo hacérmelas a mí misma, pero también respecto de alguien más. Podría pensar en un candidato electoral que me gusta, o en su contrincante y cómo actúa. ¿Está cumpliendo con el código de ética? ¿Está atentando contra la dignidad de alguien más? ¡Ah, hijo mío! Aún hay tanto por filosofar. (O)






