Una leyenda yogui narra que un hombre salió a pasear. Caminó y caminó hasta que se perdió. Por accidente, llegó al paraíso. Como estaba muy cansado buscó un lugar en donde descansar. Encontró un árbol frondoso rodeado de césped suave y verde. Se recostó y durmió por varias horas.
Cuando despertó tuvo hambre y se imaginó una mesa llena de comida. Esta se apareció de repente. Devoró los alimentos, y una vez satisfecho, le dio sed. Todas las bebidas que le gustaban se le aparecieron. Con un poco de alcohol en el cuerpo surgió la mente inestable -los yoguis relacionan a la mente con un mono que brinca de un pensamiento a otro- y fue donde el hombre se cuestionaba cómo es que la comida y las bebidas se materializaron nada más pensar en ellas. “Los fantasmas fueron los que me alimentaron”, pensó. Y fantasmas aparecieron.
Esta leyenda nos ilustra cómo funciona la mente y las leyes universales que la rigen, pero que aún no comprendemos. Es como si se le hubiera mostrado un celular a una persona que vivió hace 200 años y se le hubiese dicho que se puede hablar con alguien que se encuentra al otro lado del mundo. Jamás lo hubiera creído.
Lo mismo sucede cuanto tratamos de comprender el poder de nuestra mente: todavía estamos en pañales. La ley universal de causa y efecto afirma que todo lo que vemos y experimentamos es el resultado de una causa que se origina en nuestros pensamientos. Si ignoramos este hecho, el control que tenemos sobre la vida es una mera fantasía. Debemos tener muy claro que todos construimos nuestra experiencia.
Todos queremos bienestar y armonía con nuestro entorno, y esto se traduce en salud mental, emocional y física. ¿Por qué no comprometernos con lograrlo? Y si fallamos diez veces, volvamos a intentarlo otras diez hasta que la mente lo convierta en un hábito, es decir, en nuestra realidad. Los terapistas holísticos concuerdan en que las cuatro áreas de la vida que, alineadas, nos llevan al bienestar total, son: las emociones, los pensamientos, el cuerpo y la energía. Una como consecuencia de la otra. Todo nace del deseo de obtener algo, el cual primero se manifiesta en el mundo interior y luego en el exterior. Por eso, es esencial cultivar pensamientos de todo aquello que sí queremos crear, vivir y experimentar. Nuestra mente es poderosa, mucho más de lo que imaginamos. Ojalá algún día logremos comprenderlo; pues la vida está para vivirla con felicidad, gozo y tranquilidad. (O)




