Al abandonar la cátedra en la Universidad de Cuenca, permanecí en el Proyecto de Enseñanza del inglés para Adultos, adscrito al Departamento de Educación Continua de la Universidad de Cuenca, junto a un joven profesor contratado. Allí, el aprendizaje del inglés no se concebía en sensu stricto, sino en sensu lato; es decir, no se limitaba al dominio del idioma, sino que permitía interpretar fenómenos de la sociolingüística y de la sociología del lenguaje, como ocurre, por ejemplo, con el denominado feminismo gramatical.
Con el afán desmesurado y atolondrado de la ideología de género, se pretende distorsionar el lenguaje, apropiándose de él como instrumento, supuestamente para combatir las desigualdades. Obsérvese una de estas tentativas: la creación de la palabra herstory a partir de history (historia). Sin embargo, historia es una palabra de origen griego (ἱστορία), traducible como investigación o información; es decir, un conocimiento adquirido mediante la indagación. Ahora se la quiere reinterpretar como si estuviera formada por his-story, esto es, «la historia de él», la historia escrita por los hombres y para los hombres.
De esta manera, se confunde el origen griego del término historia con los posesivos ingleses his y her. Así se pretende sustituir o independizarse de la historia mediante la artificiosa construcción ideológica de her-story: “la historia de ella”, la historia escrita por mujeres y para mujeres. Este activismo político incurre en una simplificación que, en lugar de contribuir a la igualdad de derechos, termina por generar mayor confusión en la convivencia humana.
La lucha por los derechos y la equidad de las mujeres, corre el riesgo de desdibujarse mediante acuñaciones léxicas que fácilmente caen en la caricatura o en la burla. La lengua española posee una larga tradición normativa. Sus academias, distribuidas en todo el ámbito hispánico, han contribuido a fijar estándares lingüísticos que fortalecen la identidad de los pueblos y su capacidad para interpretar la historia. Así lo hicieron figuras como Saussure, Lázaro Carreter, Bello, Montalvo… Lástima que, según algunos, tales referentes hayan sido reemplazados por personajes de escasa formación, inmersos en la política y empeñados en revolucionar a la ciudadanía desde el lenguaje.
Termino como comencé, reiterando que la lengua es, al mismo tiempo, conservadora y cambiante. Esta paradoja se explica porque la cultura preserva la continuidad y la consonancia de un pueblo, pero también se renueva inexorablemente con el paso del tiempo. (O)
¡Oh lengua de los cantares!
¡Oh lengua del romancero!
Te habló Teresa la mística,
te habla el hombre que yo quiero.
(Juana de Ibarbourou)




