Yo la verdad no sé lo que pasa cuando estamos en temporada electoral, esta vez con la yapa del Fenómeno del Niño. A ciertos candidatos se les enciende alguna neurona que los convierte en arlequines de la política. Empiezan con propuestas medio ridículas o totalmente ridículas que lo que generan es más tristeza que ganar votos.
A ver. Vamos a rebobinar el cassette. Si en este tiempo de reflexión se le ocurrió que usted va a ser el próximo mesías de su ciudad o provincia, bien por ello. Cumpla con los requisitos y empiece a trabajar por su objetivo. Algunos candidatos dicen que han recibido la “confianza” del pueblo y que van a, supuestamente, rescatar o retornar el territorio de los secuestradores. Nunca dicen de qué mismo se trata, pero entiendo que es parte de la novela.
Hasta ahí, pasable. Pero venga, vamos a hacer un breve análisis de la babosada que cometen. Un joven en especial, entiendo que por la inexperiencia, ha empezado a hacer una campaña con un mix de política, amarillismo y, creo yo, un piti de acidez. Se preguntará. ¿Por qué? Ahí les va.
Al muchacho que tiene como objetivo llegar a la Prefectura del Azuay se le ocurrió nada más y nada menos que armar una escena de teatro y, con unos cuantos panas, proceder a clausurar de manera simbólica esa institución con el cuento de que está abandonada y no sirve para nada. De la patada le mandaron a la vereda del frente. Lógico, recibió unos cariñitos de las autoridades.
Siguiendo con el mismo “estilo”. Se le ocurrió montar un performance de una novia vestida de blanco recorriendo la ciudad como si la hubieran dejado plantada en el altar. Ya salieron algunos colectivos a decirle que se deje de pavadas y no cosifique a la mujer con fines políticos. En fin, esto ni empieza y las payasadas están a la orden del día. (O)




