Me he puesto a revisar informaciones sobre la elección de los diferentes Sumo
Pontífices de la Iglesia Católica, y he aquí que hemos encontrado algunos datos
interesantes. Entre los siglos XX y XXI, por ejemplo, el promedio de duración de los cónclaves cardenalicios para elegir a un nuevo Papa se encuentra alrededor de los tres días y el número de votaciones en siete. Los casos más breves han sido la elección de Pio XII (1939), Benedicto XVI (2005) y Francisco (2013), que duraron dos días, y el cónclave que eligió a Juan Pablo I (1978), que duró apenas un día. En el mismo período, los casos más prolongados fueron el de la elección de Pio XI (1922) que duró cinco días y el de Juan XXIII (1958) que duró cuatro.
En septiembre de 1503 se efectuó un cónclave que duró diez horas. En cambio, entre
1268 y 1271, y durante casi tres años, en la ciudad de Viterbo se realizó el cónclave más largo de la historia, mismo que eligió al papa Gregorio X. Las autoridades locales se vieron obligadas, ante la falta de definición de los cardenales, a encerrarlos bajo llave, reducir sus raciones a pan y agua, y, finalmente, quitar el techo del recinto en donde se llevaban a cabo las sesiones. De ahí nace la denominación de “cum clave”, que significa “bajo llave”. Leon XIV, el papa actual, fue electo a través de 4 votaciones y el cónclave duro un día.
Si la designación de un personaje tan importante y gravitante en el equilibrio mundial, como es un Pontífice, se demora lo que acabamos de ver, ¿por qué el concurso para designar al titular del Ministerio Fiscal del Ecuador ya lleva más de 18 meses y no hay ni rastro de un nuevo fiscal? Para mi modo de ver, quedan dos alternativas: la primera, y cueste lo que cueste, traerles al país a todos los cardenales del mundo, entregarles a cada uno los curriculum vitae de los candidatos a fiscal y les juro que, alargando en un par de días, ya tenemos un nuevo fiscal general y….!chuita!. Y la segunda, encerrarles bajo llave a los consejeros del CPCCC, reducirles las raciones a “punti” consomé de pollo y mandar a remover el cielo raso del salón de sesiones. Capaz que terminan designando a unos dos o tres fiscales generales. (O)





