Recursos públicos para las elecciones

Crispa los nervios ver a ciertos precandidatos a las dignidades seccionales con un incipiente conocimiento de cultura general, carentes de formación política, sin un ápice de ideología sustentable, con ausencia de criterios para acudir a un debate de programas y proyectos, orientados a la crítica e insulto personal contra sus opositores.

Por eso el Código de la Democracia es un compendio de propósitos incumplibles, una declaración vana de ideales, cuando en el art 355 numeral 13 se menciona: “las organizaciones políticas nacionales que reciban asignaciones del Estado por concepto de Fondo Partidario Permanente (FPP), deberán destinar al menos el cincuenta por ciento de los recursos recibidos para la formación y capacitación de nuevos líderes, la formación política de mujeres, jóvenes, o de sus afiliados o adherentes…”

El FPP se financia con el 0,3/1000 de los egresos del Presupuesto General del Estado (PGE), que para el 2026, sobre una base de $46.255 millones, corresponde cerca de $ 14 millones, de los cuales $ 7 millones, se diluyen en cualquier cosa menos en el surgimiento de perfiles para contribuir a mejorar la cultura política de la sociedad ecuatoriana.

La otra parte del financiamiento se encuentra en el Fondo de Promoción Electoral (FPE), recursos económicos con los cuales los candidatos se hacen conocer y exponen sus planes demagógicos, basados en una estructura marketera más que estratégica.

Aunque la Asamblea Nacional (AN) aprobó en agosto de 2025 una reforma constitucional parcial de iniciativa del presidente Noboa para eliminar el financiamiento estatal a los políticos, en el referéndum de noviembre de 2025 los ecuatorianos al responder NO a la propuesta le dieron continuidad a este latrocinio disfrazado de los fondos públicos.

Las empresas electoreras, las alianzas agua-aceite, la inscripción de candidatos remendados, los discursos vacíos improvisados, el uso de herramientas digitales para difundir reuniones en donde bailan, comen platos típicos, acarician a la gente y le ofrecen el paraíso a la vuelta de la esquina, atrapan a ingenuos en las redes sociales.

Nuestro inconsciente funciona porque desecha, sentenció Umberto Eco. Los hechos repetitivos de fiestas pueblerinas, comunicación vacía y ausencia de debate a las cuales se ven enfrentados los electores, sobre todo los más jóvenes, que son el objetivo central de captación de votos de la clase política, terminan eliminando cualquier propuesta medianamente seria de discusión y análisis de contenidos.

Aunque existe una variada base legal para justificar el financiamiento público basada en la muletilla de la equidad electoral y la protección del derecho constitucional a la participación política, estudios de opinión evidencian que el apoyo económico estatal a partidos políticos genera corrupción, porque los mecanismos de rendición de cuentas son caóticos, poco profesionales y sesgados. La ausencia de nuevos líderes y propuestas racionales de los candidatos, son síntomas de que el dinero público del FPP y FPE debería eliminarse. Ya no más alcahueterías. (O)

Econ. Gerardo Maldonado

Econ. Gerardo Maldonado

Economista, abogado. Posgrado en Finanzas y Proyectos INCAE Bussiness School. Máster en Administración en Tecnológico de Monterrey. Master en Derecho de Empresas Universidad Andina Simón Bolívar. Poeta y escritor.