Hace pocos días, en un seminario de la Universidad, recibimos a un colega que presentó una profunda investigación sobre cómo el uso de la inteligencia artificial (IA) afectará los procesos de aprendizaje y, de manera particular, el ejercicio del derecho. Entre sus valiosas reflexiones destacaba la necesidad de poner mayor énfasis en el desarrollo del pensamiento crítico de los estudiantes. Al mismo tiempo, resultaba evidente que numerosas tareas repetitivas y búsquedas de información, entre otras actividades, podrían quedar obsoletas.
De manera coincidente, el debate mundial se ha abierto en torno a la necesidad de establecer un marco regulatorio más rígido para el uso de la IA. Existen posiciones encontradas entre quienes consideran que una mayor regulación podría frenar la evolución y el avance de la ciencia y quienes, desde una postura más prudente, sostienen que incluso el desarrollo tecnológico debe encontrar límites en la dignidad humana.
El máximo líder de la Iglesia católica también se ha pronunciado sobre este tema, tanto a través de la encíclica Magnifica Humanitas, en la que defendió la dignidad humana frente al avance de la automatización, como en declaraciones en las que ha pedido tomar en serio los peligros de la IA.
Más allá de las ventajas que puede generar en nuestras actividades, también debemos considerar sus riesgos. Es momento de que, desde cada profesión, valoremos en qué medida la IA puede convertirse en una sólida aliada y, al mismo tiempo, nos preguntemos cómo hacer más humano y auténtico nuestro ejercicio profesional.
Los ejemplos sobran: el cariño y la empatía que un profesor pone en sus clases; los sentimientos que se expresan en cada trazo de un artista; o el conocimiento, la vocación de servicio y el compromiso humano de los profesionales de la salud.
Estamos ante una revolución tecnológica. No basta con oponernos a ella o denunciar sus riesgos. El desafío consiste en humanizar los procesos para diferenciarlos de aquellos realizados por una máquina y preservar aquello en lo que no podemos ser reemplazados. (O)
@andresmartmos








