Estamos a comienzos del siglo XXI y las realidades del mundo nos ponen evidencias del deterioro de la institucionalidad del estado democrático de derecho por la concentración del poder político en la función ejecutiva con injerencias limitantes de la independencia y probidad de las funciones judicial y legislativa, con mayor desmedro de la autonomía judicial. Solamente, veámonos en la circunstancia vivida por la incoherencia constitucional del texto del 2008 que sacraliza al hiper presidencialismo y el consecuente abuso de poder.
Al caso, pensemos en los autócratas con la tecnología e Inteligencia artificial (IA) a su disposición, mismas que siendo un paso admirable para la ejecución y articulación de procesos y resoluciones, pueden ser manipuladas por quienes utilizan los robots y más implementos dotados de aquella, por eso León XIV en su Encíclica Magnifica Humanitas nos llama la atención con una frase que advierte: “ el paraíso de las máquinas ya está aquí” y es así, porque no se actúa con el debido respeto al ser humano.
¿Del homo sapiens a la machina sapiens?
Reflexionemos un minuto en lo que sería el mundo en manos de quienes sin calidad moral manipulan tales artefactos, teniendo en claro que los mismos son utilizados por sus poseedores y obvio, programan, en consecuencia, si las máquinas no son sujetos de responsabilidad ética ni jurídica al ser entidades irracionales, cuando sus inventores y programadores son los sujetos ontológicos de la autonomía de la voluntad y, siendo la inteligencia artificial, eso, artificial, porque es el resultado de la información que le dota el programador, es evidente que los autores de las ideas, datos y algoritmos, como los que deciden y manejan los robots y drones son los responsables directos de los efectos causados.
Cabe preguntarnos ¿A dónde vamos de realizarse la posibilidad de los autócratas manejando y decidiendo la aplicación de la “súper inteligencia artificial” como se anuncia?
Preguntas pertinentes ante los anuncios de las autocracias dominantes. (O)



