Con bombos y platillos, con militares y policías arribaron a Cuenca las tan esperadas vacunas para tratar de controlar la pandemia. Ni cuando han venido a Cuenca equipos de Medicina Nuclear ha habido tanta alharaca. Una persona acarreando una modesta “cajita” con las vacunas era más resguardada que un rey. Ni los periodistas podían acercarse. …










