El Pase del Niño Rey recorrió el Centro Histórico de Cuenca este 5 de enero de 2026, con una procesión que combinó fe, música y tradición popular.
La manifestación religiosa, considerada una de las más antiguas de la ciudad, conmemoró 101 años de historia y congregó a decenas de devotos.
Pasadas las 14:00, la concentración inició en San Blas. Desde allí, el desfile avanzó hasta el parque Calderón con la participación de carros alegóricos, comparsas, grupos de danza, personajes bíblicos y bandas musicales.
“El Pase del Niño Rey honra al Niño Jesús como rey, en la víspera de la Epifanía”, explicó Manuel Lupercio, presidente de la Asociación de Priostes del Niño Rey y coordinador general del pase.
La epifanía es una festividad cristiana que conmemora la llegada de los tres Reyes Magos que adoraron al Niño Jesús recién nacido. Se celebra tradicionalmente el 6 de enero.
La palabra «epifanía» significa «manifestación» o «revelación»
Escenificación
Entre los presentes estuvieron la familia Vanegas, con más de 20 años vinculada al pase, y el Club 5 de Enero, que suma seis décadas de trayectoria e integra a varias generaciones.
En esta ocasión, representaron personajes tradicionales como el cholito y la cholita cuencana. Las figuras de José y María aparecieron con trajes bíblicos combinados con macanas, en una muestra del mestizaje cultural que caracteriza al Pase del Niño.
Cada grupo representó una escena bíblica y, al llegar al parque Calderón, se realizó una escenificación del encuentro de los Reyes Magos con Herodes, dramatización en la que intervinieron 18 personas.
Asimismo, entre las tradiciones que acompañan el pase se mantiene la preparación de la chicha de jora.
“Preparamos alrededor de tres mil litros. La chicha se comparte con los personajes y con quienes acompañan el pase”, comentó Anita Lucía Lupercio, representante del catecismo de los priostes.
Patrimonio Cultural
Cada 5 de enero, Cuenca revive esta tradición declarada Patrimonio Cultural Inmaterial del Ecuador, que, según sus organizadores, constituye también una forma de evangelización por la comunidad.
En sus inicios, la organización del pase recaía en personas que asumían de manera individual esta responsabilidad.
Posteriormente, la imagen del Niño Rey fue entregada a la Iglesia del Santo Cenáculo, donde la celebración adquirió mayor relevancia.
Don Luis Lupercio fue una figura clave. Él organizaba el pase con sus propios recursos. Tras su fallecimiento, en 1991, los priostes se organizan para mantener viva la tradición.
Desde entonces, la devoción se sostiene de forma colectiva. Este año, 183 priostes contribuyeron con ofrendas y donaciones para cubrir los costos de la organización.
Durante el año, la imagen del Niño Rey permanece bajo custodia de una familia.
A partir de julio inicia el recorrido de velación, con visitas nocturnas a los hogares de los priostes. Allí se realizan rezos del Santo Rosario, cantos y encuentros familiares.
En octubre se desarrolla una convivencia espiritual y, a mediados de diciembre, se bendicen los panes en una eucaristía.
“El gran pase es el 5 de enero. El 6 es la fiesta de la Epifanía, cuando el mundo, representado por los Reyes Magos, reconoce a Jesús como Señor”, explicó Lupercio.
Ese día, la imagen permanece en la Iglesia del Santo Cenáculo, donde el 6 de enero se celebra una eucaristía solemne a las 07:00.
Al cierre de la jornada, la satisfacción fue compartida. “La mayor recompensa es haberle dado honor al Niño Jesús y haber motivado a nuestros hermanos a avivar su fe”, señaló Lupercio. (PNH)-(I)
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