Si bien la fiesta del Carnaval es universal, cada ciudad en la que se celebra le da su toque único. Cuenca no es la excepción y por eso tanto en gastronomía, lenguaje y costumbres es bastante particular.
A lo largo de los años el carnaval morlaco ha tenido ciertas características que lo han vuelto único. Algunas se mantienen muy vigentes, pero otras se han diluido. Quien sabe a la perfección de este tema es Oswaldo Encalada, académico y autor del libro La lengua morlaca que lleva ya tres ediciones, cada una con nuevos términos. Para él, el Carnaval no solo se juega y se come: también se habla, y ese lenguaje encierra historia, cultura y simbolismos propios.
Para empezar, comenta que el carnaval aquí es una fiesta principalmente familiar en donde los allegados, vecinos y amigos participan y como era de esperarse, el elemento principal es el agua. Todos se mojan y nadie se reciente, incluso algún extraño que pueda estar pasando por la calle mientras los demás se divierten.
Es tal vez la única fiesta en la que está permitida la “invasión de una casa sin que haya una consecuencia legal”, pues en estos días se puede entrar a un domicilio a comer, jugar y mojar a todas las personas.
En este contexto, en su obra se incluyen algunos términos que, a su decir, son propios, y hasta únicos de los cuencanos.
La comida del Carnaval
En el caso de la gastronomía, el emblema lo lleva el famoso Motepata, que es la abreviación de “Mote phatasca” mote reventado, pues es un plato que tiene como ingrediente central al maíz cocido, pero a una temperatura de cocción tan alta que el grano revienta. Esto va acompañado con carne de cerdo, chorizo y pepa de sambo.
En cuanto al dulce, lo típico y hasta cierto punto exclusivo de esta localidad es el denominado Pulchaperro, platillo elaborado con el capulí fusionado con otras frutas como el durazno.
Y aunque este es un manjar, Encalda, explica que su nombre no es muy “agradable” pues en términos simples significa “diarrea de perro”, pero esto por su presentación.
Instrumentos
Pero también en la terminología cuencana están los juguetes de temporada. En la lista están las “bombas”, que si bien había las de Zaruma que eran tal vez las más reconocidas años atrás, él va más allá y menciona a las “bombas de Baños”, que eran los globos de caucho elaborados en la parroquia rural del mismo nombre.
La característica de estas eran su color, moradas, muy duras y que además estaban rellenas de talco.
Y como no hablar de los “chisguetes” para mojar al paso en la calle. Y años más tarde, los hábiles construían las “bujías, que era un gran tubo de PVC ensamblado con la misma modalidad de las jeringas para de esta manera dar un “chorrazo” a la gente.
En su memoria, y también en su libro, se recoge que antes de la existencia de los globos de agua se usaban los cascarones de huevo. Este delicado trabajo se lo encargaba a las mujeres de la casa, quienes con su habilidad hacían un agujero en los extremos para así sacar su contenido.
En Carnaval el un extremo se tapaba con cera y el otro se llenaba de agua colorada con planta de ataco. Y la finalidad era jugar, pero también manchar la ropa.
Personajes
Y como olvidar en Cuenca al recordado “Pishquista carnavalero”, que no era más que un termino creado por los escritores de La Escoba, medio impreso satírico y crítico, para burlarse de quienes buscaban colarse en alguna casa para pasar los días del feriado.
También menciona a los “volantes” un grupo de jóvenes trepados en una camioneta y que en el centro de la “paila” llevaban un gran tanque lleno de bombas y agua. El carro pasaba y ellos mojaban a quien aparecía en la calle “justo o injusto recibía su bombazo”.
La palabra “carnavalazo”, analizada desde la perspectiva lingüística se refiere a un carnaval grande, intenso o desbordado. (I)