Es necesario tender puentes más amplios y sólidos entre estos dos mundos.
Durante quince años trabajé en un banco fundamentado en una sólida filosofía institucional orientada a contribuir al desarrollo del país.
Formé parte del grupo encargado de la educación de los colaboradores, la cual de ninguna forma se circunscribía a conocimientos técnicos y procedimentales, sino que se ampliaba a la formación humana: lenguaje, teatro, gastronomía, ética, cultura, deporte, caminatas en la naturaleza, psicología, desarrollo personal y arte, concebidos de manera sistémica.
Esta visión transversal permitió el crecimiento personal de quienes colaboramos, el desarrollo de un alto sentido de pertenencia y la prestación de servicios de la más alta calidad para la ciudadanía.
Más tarde, fui invitado a presentar una ponencia en Valencia, España, en un evento internacional de la Fundación Étnor (Ética de los Negocios y de las Organizaciones), fundada y dirigida por la filósofa española Adela Cortina, quien ha visitado el Ecuador por invitación de universidades nacionales.
En ese congreso participó como conferencista principal Amartya Sen, y también intervinieron Manuel Castells e Ignacio Ramonet como ponentes destacados.
Quienes se enteraron de esto me preguntaban irónicamente cuál era la relación entre la ética y los negocios, sosteniendo que eran ámbitos incompatibles. Este enfoque de exclusión entre los espacios empresariales y la reflexión moral es un gran error que impide que pensadores y empresarios se reconozcan como interlocutores.
«La empresa del futuro será ética, social, verde o no será»
Adela Cortina.
Fundamentos y niveles de la ética en las organizaciones
Pienso que la reflexión moral y las acciones que se deriven de ella son vitales en todos los espacios sociales. La actividad empresarial, indispensable por el impulso que representa en la búsqueda del bienestar de la gente, debe fundamentarse en objetivos de integración con los otros para contribuir a la equidad social.

La ética de las empresas y de los negocios tiene tres niveles estructurales: el discursivo (relacionado con la construcción filosófica de sus objetivos); el interno (asociado a los intereses de los inversionistas por obtener réditos legítimos y de los colaboradores por salarios dignos, un entorno adecuado y proyección laboral); y el externo (relacionado con el respeto a la cultura local, la protección del ambiente y al cuidado de la vida en todas sus formas).
El rápido crecimiento económico actual y la búsqueda de ganancias inmediatas no pueden reducir el humanismo a un accesorio decorativo, del mismo modo que la abstracción teórica no debe aislar al pensamiento de los procesos reales de desarrollo.
La actividad de los intelectuales vinculada a la filosofía moral debe considerar la condición humana en toda su complejidad para aportar a la construcción de la armonía necesaria, de modo que la convivencia permita el florecimiento de todos, inspirados por las grandes declaraciones jurídicas mundiales de sostenibilidad, democracia y derechos humanos. Los tres niveles mencionados cobran un sentido muy real cuando miramos a Cuenca.
Nuestra ciudad no se ha construido de forma unilateral; su desarrollo depende directamente de que las empresas y los diferentes actores sociales entienden que forman parte de una comunidad que las acoge y a la que se deben.
Encuentro entre humanismo local y acción empresarial
Históricamente ha existido una relación armónica entre ambos ámbitos, clave para comprender el desarrollo de la ciudad y los altos niveles de la calidad de vida de los que habitamos en ella.
Nos enorgullecemos tanto de nuestros antepasados escritores, artistas y poetas, como de los hombres de negocios, visionarios y empresarios. Cuenca, Patrimonio Cultural de la Humanidad, no puede comprenderse sin la participación de estos dos grupos fundamentales de nuestra historia. Por supuesto, existen otros sectores igualmente esenciales de los cuales podríamos hablar en su momento.
Creo que es necesario tender puentes más amplios y sólidos entre estos dos mundos. El desarrollo actual requiere que la voz crítica de la intelectualidad local y la visión de quienes invierten en la urbe se reconozcan mutuamente.
Las legítimas pretensiones de lucro deben estar sustentadas en un claro discurso moral y cultural, del mismo modo que las propuestas intelectuales deben mantener una conexión estrecha con la realidad económica. Los principios empresariales y las aspiraciones humanistas de la localidad deben converger, inspirados en la evolución histórica local y mundial y en los instrumentos jurídicos creados para regular la convivencia.
Cuenca, Patrimonio Cultural de la Humanidad, no puede comprenderse sin el diálogo armónico entre sus creadores y sus empresarios. Las legítimas pretensiones de lucro requieren sustentarse en un claro compromiso moral y comunitario.
Sin embargo, hoy corremos el riesgo de perder ese equilibrio histórico. El rápido crecimiento económico de la Cuenca actual y la búsqueda de ganancias inmediatas pueden inducir al sector corporativo a mirar al humanismo como un accesorio decorativo, así como la abstracción teórica puede aislar al sector intelectual de los procesos reales de desarrollo.
Por eso, ambos sectores deben dialogar abiertamente para garantizar que el crecimiento no termine pasando por encima de la equidad. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU son un claro ejemplo de esto; pero esas metas mundiales no sirven de mucho si no las aplicamos en nuestra propia realidad.
En Cuenca, vemos cómo esa unión entre la responsabilidad de las empresas y la sensibilidad humana se vuelve, en ocasiones, una realidad práctica, como en el caso de la Carrera 10K Por Una Sonrisa, a beneficio de los niños de la Unidad de Pediatría de SOLCA.

Un niño paciente oncológico es atendido en Pediatría de Solca-Cuenca.
La Carrera
Esta iniciativa se realiza desde hace veinte años bajo el liderazgo del Grupo Ortiz y la colaboración de empresas aliadas que, tras meses de trabajo logístico, estructuran el evento aportando recursos y compromiso social con los enfermos de cáncer. El fin es recaudar fondos para los niños tratados en SOLCA-Cuenca.
El año anterior se inscribieron más de 13.000 corredores y se logró una recaudación de 122.123 dólares, entregados íntegramente a la institución médica. Estos fondos financian tratamientos, medicinas y apoyo logístico para las familias de los pacientes, quienes muchas veces viajan acompañándolos desde el Oriente ecuatoriano o de poblaciones rurales apartadas.
Este objetivo unifica a empresarios, ciudadanos y voluntarios de la sociedad civil, consolidando la carrera solidaria más importante del Ecuador. Este acontecimiento se complementa con la gestión directa por parte del Grupo Ortiz del albergue El Ángel, un centro de acogida ubicado en el barrio La Fátima que funciona de manera gratuita las 24 horas del día, brindando hospedaje y alimentación a unas 80 personas derivadas por el departamento de Trabajo Social de SOLCA.
La unión entre la viabilidad de las empresas y la sensibilidad humana deja de ser teoría para volverse realidad en la Carrera 10K Por Una Sonrisa. La rentabilidad y el compromiso con la vida son indispensables para construir equidad.
Es un refugio vital para los familiares sin recursos económicos que llegan desde fuera de la provincia.

Existen muchas otras acciones de esta naturaleza realizadas por otros empresarios o grupos de producción que la ciudadanía debe conocer.
Los enfoques claros sobre el desarrollo y la legítima rentabilidad corporativa no solo son compatibles, sino indispensables para demostrar que el compromiso real con la vida es la clave para construir una sociedad cada vez más justa y equitativa.










