Difícil de creer. En Cuenca, de las 550 toneladas de basura recogidas a diario por la Empresa de Aseo (EMAC), siete provienen de la arrojada en calles, avenidas y otros sectores públicos, como consecuencia de los malos hábitos ciudadanos.
Son los plásticos de un solo uso, vasos descartables, papeles y envolturas.
En determinados lugares proliferan las ventas informales de comidas, refrescos, ofrecidos en vajilla descartable. Si se consumen allí mismo deben depositarla en tachos dispuestos para el efecto. Si no es así, es inminente que sea arrojada en la calle.
La EMAC cita algunos de esos lugares: feria libre, bajo los puentes, entre otros.
Consumidores de bebidas energizantes, de caramelos, chicles, de agua o de sodas en envases plásticos, asimismo les tiran a la calle, o, en casos excepcionales, en tachos, por lo general, rebasados o volteados por perros callejeros.
Ni se diga cuando se organizan eventos en coliseos, estadios, explanadas.
Suena a lugar común, pero vale insistir: la ciudad más limpia no es la más barrida, sino la que menos se ensucia. ¿Y quiénes la ensucian? La deducción es fácil.
Es innegable la labor de la EMAC para mantener limpia a la ciudad; pero sus esfuerzos, incluso mediante el barrido manual, no son compensados por aquellas malas costumbres ciudadanas, tanto de propios como de quienes llegan a Cuenca por una u otra razón.
La empresa también cita otro ángulo de aquel problema: el excremento de mascotas. No es recogido por sus dueños. Si proceden, las fundas, de manera disimulada, son arrojadas alrededor de los árboles o donde puedan.
Para este caso, hay multas; pero son inaplicables, pues requieren de evidencia. Si hay amor por las mascotas, mucho más lo debe haber por la ciudad.
Si desde el hogar, luego en el sistema educativo, no se inculcan buenas prácticas y se da ejemplo, es imposible corregir esos malos hábitos. Duro es decirlo, pero es real.