De acuerdo a InSight Crime, una organización especializada en crimen organizado, el Ecuador es el tercer país más violento de la América Latina y el Caribe.
En su informe anual se señala que, en 2025, mientras el promedio regional se ubicó en 17 muertes violentas por cada 100 mil habitantes, en Ecuador se triplicó esta cifra, alcanzando los 51 homicidios, asimismo por cada 100 habitantes.
Eso rebela cómo ha crecido y sigue creciendo de manera exponencial el crimen respecto de años anteriores al 2025 y, posiblemente al 2026. Nadie quiere que esto ocurra.
Preocupa que mientras la tasa promedio de muertes violentas en la región bajó más de un 5 %, en el Ecuador aumentó. Incluso México, otro de los países asediados por el narcotráfico, bajó 19 puntos.
El poderío de los carteles internacionales ha encontrado en el país terreno fértil para cometer sus delitos. Se han ligado a grupos criminales locales, amén de su penetración en la política, en la economía para lavar el dinero mal habido, en la Justicia, en los puertos de exportación, a más de tener intermediarios de alto vuelo, la mayoría de los cuales permanecen camuflados, haciéndose pasar por prósperos empresarios y emprendedores, cuando no militando en ciertos partidos y movimientos.
La detención de algunos de los grandes capos, uno de ellos extraditado a Estados Unidos; otro preso en España; de haber decomisado miles y miles de toneladas de droga; o, últimamente de haber asestado un golpe durísimo a la mafia albanesa, no son suficientes como para señalar que se está ganando la “guerra interna”.
Al contrario, los cárteles y los Grupos de Delincuencia Organizada, al fragmentarse y designar a nuevos líderes, reactivan la violencia criminal
En este contexto, este domingo comienza el toque de queda en varias provincias. Hay expectativas de lo que pueda ocurrir, sobre todo de los resultados a obtenerse. Ecuador pasa por días aciagos en materia de seguridad.










